| En 1935 Sigmund Freud escribió: “Muchos
individuos altamente respetables han sido homosexuales, entre
ellos Platón, Miguel Angel y Leonardo da Vinci”.
Si el padre del psicoanálisis viviera... ¿estaría
hablando de Sebastián Pollastro? Seguramente no, pero a
falta de terapia, una dosis de catarsis en Internet no viene nada
mal... Basta sumergirse en la red de redes para darse cuenta que
Sebastián se convirtió en el nuevo sex symbol de
la comunidad gay, donde más de uno da rienda suelta a sus
deseos. El portal “Sentido G”, uno de los más
leídos de esa comunidad, tiene online una encuesta para
que sus lectores voten al más sexy de “la casa”
y el ganador es... Pollastro. Quien le sigue en el podio es Leandro,
oh casualidad, el participante cuya ambigüedad despierta
rumores de bisexualidad. Los más alejados del podio son
el flacuchín Jonathan Diéguez y el “ex tumbero”
Diego Leonardi.
Sebastián captura la atención no sólo en
portales gay conocidos sino en sitios anónimos. En su blog
personal, un tal “Mirko” (que encabeza la página
con el título “weblog de un chico gay”) escribe
cosas como:“Sebas está barbaro” y publica fotos
de su ídolo con epígrafes que rezan: “¿No
está divino?”, “ojalá que gane él”
y “ya tengo a mi favorito en la casa de Gran Hermano 2007”.
Los más románticos dejan mensajes como: “Sebas
te amo, sos el más lindo lejos, Big Brother acá
en el corazón...”; y los más picarones juegan
con el doble sentido: “Yo lo apoyo...”
La locura por Pollastro desencadenó hasta complots para
votar de acuerdo a los intereses del nuevo sex symbol. Por eso
bajo la consigna “Todo un país apoyando a Sebas”
en www.fotolog.com/sebasgranhermano aparecieron mensajes como:
“Si se van Maru, Gri o Lean, a Sebas le va a doler muchísimo
porque son sus más allegados. Tenés que bancarlos,
voten a Agustín.” Es difícil saber si la predilección
que Pollastro despertó en la movida gay es tan fuerte como
para desencadenar un aluvión de llamados que –llegado
el caso- eviten su expulsión de la casa; lo que no resulta
complicado de adivinar es que este participante tiene un “piso
electoral” nada despreciable. Como asegura el médico
sexólogo León Gindín en su libro “La
Nueva Sexualidad del Varón”, “la población
homosexual masculina constituye entre el tres y el cinco por ciento
de total de hombres que tiene el mundo” y en nuestro país,
“el número ronda entre 500.000 y 750.000”.
Esa es la población que late cuando las cámaras
encuentran a un Sebastián semidesnudo, acostado en una
cama y avanzando sutilmente a Leandro con misiles como: “A
mí en general los hombres con mucho pelo en el pecho (como
Leandro) no me gustan mucho pero a vos no te queda mal...”
Acostados en la misma cama y con sus caras a escasos centímetros,
los chicos cruzan miradas y “el peludito” susurra:
“Por favor, no me mires más así...”
Señora, no se escandalice, en una carta que escribió
a la madre de un chico homosexual, Freud escribió: “No
existen razones para avergonzarse ya que no supone vicio ni degradación
alguna.” Y si lo dijo el padre del psicoanálisis,
habrá que creerle.
Mariana Comolli
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